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¿Cómo fue que los lobos se convirtieron en nuestras tiernas mascotas?

¿Cómo fue que los lobos se convirtieron en nuestras tiernas mascotas?

¿Quién dio el primer paso para lograr una gran amistad? Las evidencias demuestran que los seres humanos y los perritos hemos recorrido un largo camino para alcanzar tanto afecto mutuo.

¿Cómo es que esos feroces colmillos se convirtieron en pequeños dientecitos?

Hace miles de años era imposible que un ser humano y un lobo pudieran convivir, pues los estudios revelan que entre estos animales y nosotros existía una fuerte enemistad, y es que ambos vivíamos en zonas aledañas y compartíamos el gusto de cazar las mismas especies.

En realidad, hay decenas de teorías respecto a cómo fue posible que ellos se convirtieran en nuestras tiernas mascotas, pero en este artículo te compartimos la teoría que más nos ha convencido y que es aceptada por muchos científicos en la actualidad.

¡Las niñas y niños fueron los primeros que se acercaron a los lobos!

Al parecer, los desechos tirados fuera de las comunidades humanas atrajeron la atención de los lobos, quienes encontraban en estos desperdicios, una oportunidad para alimentarse sin tener que salir a cazar. Visitando tan frecuentemente las viviendas y al ser vistos como algo menos amenazante, algunos niños lograron acercarse tanto a los lobos que fueron perdiendo el miedo al contacto. Poco después fue posible traerlos a las comunidades y utilizarlos con diferentes fines.

Al comer de la mano del ser humano, el lobo fue adquiriendo poco a poco cierta confianza y adaptabilidad a las condiciones domésticas. El intercambio era justo: ellos comían todos los días y los seres humanos podían emplearlos como fuerza de carga y transporte.

Debido al cambio de estilo de vida, los lobos sufrieron cambios en su cuerpo y en su temperamento. Sus cráneos, el esqueleto, los dientes y las patas se hicieron más pequeños, además de que aprendieron a leer las complejas expresiones de las caras humanas.

¡La magia de la oxitocina!

El enamoramiento lobo-ser humano comenzó cuando ambas especies estuvieron tan cerca como para mirarse a los ojos por más tiempo y en diferentes circunstancias. Las miradas continuas crearon el efecto químico propio del enamoramiento. Los lobos aprendieron a leer nuestros gestos, a anticiparse a nuestros pensamientos, a reconocer nuestra sonrisa. Pronto fue posible establecer una relación fuerte y amorosa entre ambas especies.

Finalmente, un día los lobos llegaron a ser nuestras adoradas mascotas y más que eso. La domesticación ha llegado a niveles tan grandes que hoy los perros dependen casi totalmente de nosotros. ¡Sus grandes garras son ahora patitas indefensas!

¿De qué manera podemos agradecer a nuestros chuchos todo el esfuerzo que han empleado en dejar su pasado para acompañarnos en nuestra vida doméstica? ¡Ámalos y cuídalos siempre! Bríndales alimento, un lugar cómodo de descanso y, más que nada, prevención para mantenerlos sanos. 

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Débora Marín

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